Takaisin

eltiempo.com: ¿Qué fue primero, el huevo o la reforma?

Colombia no es el único país fragilizado económicamente como para estar pensando en reformas.

 

El escenario no podía ser más dantesco: pandemia, negación de la propia epidemia en los terrenos de la teoría del complot; muertos imposibles de ocultar o negar, pero sobran los enajenados que lo hacen con borregos que creen; además, incertidumbre laboral; personas sin ningún tipo de seguridad que viven del día a día y el teletrabajo para ellos es casi un asunto de ciencia ficción. Y como broche de oro… ¡políticos sin ningún sentido del tacto, la situación y el entorno social!

No me interesa ir a Google para ver la hoja de vida del ministro Carrasquilla y consignarla aquí como documento de comparación con su reteñida salida en falso y su ya tercera renuncia como ministro. ¡¿Qué se podía escribir de un ministro de H-A-C-I-E-N-D-A desenfocado con los precios de la canasta familiar, pero muy encaprichado en realizar una reforma tributaria?! Me recordó inmediatamente la muy ‘célebre’ frase que le adjudicaron a María Antonieta en una campaña de desprestigio contra ella: “Si el pueblo no tiene pan, que coma brioche”. La diferencia, al señor ministro sí se le podía dar replay cuantas veces nos dé la gana para escucharle adivinando el precio de una docena de huevos como si estuviera frente a Pacheco en El precio es correcto. Le recuerdo algo para meditar, señor Carrasquilla, ¡Colombia no es el único país fragilizado económicamente por la pandemia como para estar pensando en reformas o creer que es la solución más salomónica cuando estamos a puertas de una recesión económica mundial!

No sé en su caso, señor Carrasquilla, pero a muchos políticos les encanta venir de paseo por estos pagos y un muy conocido tribuno de la oposición se tuvo que hospitalizar de urgencia en Italia. Estos países, generalmente, son un referente en muchos aspectos; entonces, ¿por qué no echarle una mirada ―como ejemplo― a las medidas económicas que ha tomado la Comunidad Europea y, ya sea de paso, indagar también el precio de la docena de huevos en estas tierras? Usted ―estoy seguro―, a estas alturas de la columna, pensara que soy un insolente por llevarlo a comparar lo que no se puede equiparar; sin embargo, señor Carrasquilla, es que ministros como usted, sin el mínimo tacto social y de la realidad, siempre han creído estar haciendo un gravamen fiscal en un país del primer mundo.

Agradézcale a los astros, sus santos, la alineación de sus planetas, incluso, a la propia pandemia que por su salida en falso el gobierno de turno no tuvo que confrontar lo mismo que le ocurrió al presidente Macron cuando se encaprichó con una reforma: la situación giró por completo y en su contra; el Estado francés terminó sacando dinero de sus arcas para darles a quienes no llegan al fin del mes, surgieron los chalecos amarillos, el movimiento le señaló la guillotina al mandatario galo, le desinfló el ego y de paso se lo calibró, le puso los pies en la tierra y terminó por recordarle que “¡al pueblo no se le tocan los huevos!”. Usted, señor Carrasquilla, ya de salida, ―espero― sepa, por lo menos, interpretar dicha alegoría con un precio real para una próxima ocasión.

El asunto de fondo no es de huevos, reformas o ministros desenfocados, todo ese remedo y meme de realidad colombiana en el cual se enfrasca la opinión pública requiere una lectura social de compromiso moral acompañada de una ejemplar justicia punitiva sin temores para castigar; es decir, ¡¿por qué carajos un país como Colombia tiene que estar saltando de reforma en reforma cuando la verdadera tronera es la corrupción política?! “En solo regalías en el país se pierden 1,3 billones y al año se esfuma el carajal de 50 billones de pesos”, como lo expuso el contralor general, Carlos Felipe Córdoba. Una cifra que equivale al 17 por ciento del presupuesto de la Nación. Es tan grande la cifra que muchos no logramos dimensionar semejante dígito colosal, pero si nos exponen que con la misma cantidad se pueden construir simultáneamente cuatro metros para una capital como Bogotá, entonces la percepción de la corrupción nacional adquiere una dimensión verdaderamente vergonzosa.

Rabo atiborrado de paja también tienen todos aquellos que saltan de felicidad en redes sociales por el meme del huevo nacional y atizaron las redes, pero son incapaces de hacer un acto de reminiscencia o asumir errores cuando se les habla del imperio de la basura, la recolección y otras más. Mientras tanto… ¡sigamos con los memes ya que nos rajamos en lectura, historia y cincuenta billones de pesos no son mayor cosa!

 

Fuente: eltiempo.com - 06 de mayo de 2021